Por: Vanessa Rodríguez.
Alameda central, parada
obligatoria de potosinos, tamaulipecos, hidalguenses y defeños dispuestos
a acostarse bajo la sombra de los
frondosos alamillos y adoptar nuevas modas. Algunos hombres visten camisas sin
mangas, pantalones bombachos, gorras reguetoneras y tenis de concha, otros
prefieren las botas y sombreros. Las mujeres optan por las minifaldas, blusas
escotadas y zapatos de plataforma. Alameda central, un lugar para vestir la
mejor ropa.
Un acento cantadito por aquí,
otro más golpeado por allá así se llega hasta el pequeño quiosco central que hoy
está forrado por una manta que dice: “Los trabajadores de S.L.P., Hidalgo,
Veracruz y Tamaulipas, que radican en el Estado de Nuevo León, siempre unidos
por un futuro mejor” sin embargo, el romanticismo se rompe cuando al final de
la manta aparece la siguiente leyenda: “Futura, venta de boletos con descuento
para viajar a la república mexicana”. De pronto parece que la Alameda Mariano
Escobedo se ha convertido en una sucursal más de los autobuses futura, pero no
es una sucursal cualquiera aquí además de la venta de boletos también se
comercializan alimentos típicos de la Huasteca Potosina como el agua de caña
-30 pesos el litro y a 5 el vaso-, queso Oaxaca, jobos y la atracción
principal: el zacahuil, una especie de tamal gigante envuelto en hoja de
plátano, relleno de carne de pollo con chile rojo y cocinado con leña en un
horno de adobe. Por 30 pesos, los asistentes pueden degustar de un plato de
zacahuil acompañado de chiles en vinagre, por esta cantidad los potosinos
radicados en Monterrey vuelven a sentirse otra vez en casa y de esta forma la
venta de boletos deja de importarles. Lo verdaderamente importante es volver a ese lugar donde nacieron, crecieron,
se enamoraron, pero sin salir de este otro en el que encuentran estabilidad
económica y al mismo tiempo los ha hecho presa de nombres despectivos como
“Güichitos” y “Marías”.
“Qué dios bendiga a la Alameda
Mariano Escobedo” dice un pastor, que ha puesto unas cuantas filas de sillas
para que la gente venga y según él encuentre el camino hacia la fe. La gente
poco a poco se va acercando, entonces el discurso de aquel hombre toma fuerza,
los feligreses agachan su cabeza, oran.
La plaza se transforma en una iglesia al aire libre donde todavía se
escuchan las cumbias que los de la Huasteca bailan sin cesar allá en el quiosco,
alameda central lugar en el que convergen la fe y la cultura.
El amor es otro elemento que
compone a esta Alameda, debajo de los alamillos las parejas se demuestran su
cariño, los brazos se vuelven más largos, van de extremo a extremo de una
espalda bañada con sudor canicular, en veces las ganas son inquebrantables por
eso algunos deciden cruzar hacia en frente e ir al hotel Alameda. Mientras tanto
los desafortunados en el amor deciden
quedarse en las bancas y esperar a ver que pescan alguna güerita o una de piel
tostada, no importa el chiste es ligar, pero el verdadero reto es hacer que las mujeres se dejen. A pesar de todo, aún en esta Alameda se conserva la inocencia,
recostada en el césped una niña descubre que de los árboles caen nueces y que
en la Alameda no solo hay alamillos, también hay nogales.
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