Me voy a Japón porque no tengo nada que perder




Irme por unos días a Japón fue la segunda decisión más importante de mi vida. Por un tiempo, viajar al país del sol naciente habia quedado descartado, esa idea la había metido a un cajón con el pensamiento de que quizá y, con un poco de suerte, estar en aquel lugar sería un sueño que se cumpliría probablemente en mi vejez.

Sin embargo, me di cuenta de que ya no podía ser más una 'retardadora de placer', debía aprender a disfrutar del momento, de este día, de mi presente y que lo único que debía estar guardado en ese cajón era el pasado, los errores, los aciertos, el daño y los días tristes.

Con el paso de los días, tuve mayor contacto con el idioma japonés, con la cultura y, sobre todo, mis hermanos y mi padre con su frase de 'haz de tus logros buenos recuerdos para un bello futuro' me alentaron a realizar este viaje.

Para marzo de 2018, yo que siempre me había calificado como una montaña rusa de emociones, era la mujer más feliz de este mundo. En mis manos tenía un boleto de avión con destino a Narita, Japón, y una solicitud de hospedaje en Tokio.

La aventura iniciaría el 24 de agosto, tendría una escala en Dallas, Texas, y después volaría directo a Japón.

Me llené de información acerca de los lugares que quería conocer y de cómo llegar a ellos. Conforme los días pasaban conocía más de aquella isla, y, como era de esperarse, mi emoción, nerviosismo y alegría también aumentaban.

Sin hacer ruido para no contaminarme de pensamientos ajenos y también para alejarme del drama que tanto me había acompañado en los últimos años de mi vida, fui armando esta aventura. Cuando me di cuenta ya tenía un pase para tomar los trenes que me llevarían a cientos de lugares y un internet que me mantendría comunicada con mis familiares y amigos.

Después, simplemente un día desperté, me puse los jeans que mi hermana me había obsequiado una semana antes, el par de tenis y una blusa color rosa que mi madre me había regalado y para las 3:30 de la mañana me drigía hacia el aeropuerto de Monterrey.

Así, daba inicio una corta, pero importante etapa en mi vida. Con la mente y el corazón abiertos a nuevas experiencias estaba lista para los próximos días en los que no tenía nada que perder si me dejaba llevar por Japón y sumergirme en él.





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