Las cuatro de la tarde en punto. Un grupo de alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación sale presurosamente del aula 20 en el edificio C, sus risas irrumpen la tranquilidad de una escuela donde para algunos los fines de semana inician desde el viernes. Adentro del salón sólo queda la maestra a quien no le importa salir después con tal de haber borrado los apuntes que hizo en el pizarrón.
“No me gusta dejar el pizarrón sucio. Algunos maestros lo hacen, pero yo no” dice la profesora mientras mueve el brazo
como si fuera un limpiaparabrisas. Una vez que terminó de borrar parece que su
rol de maestra desapareció junto con sus apuntes, las prisas llegan a ella y
hacen que la mujer rápidamente se quite los lentes, doble algunos papeles y
agarre su bolsa “seis horas aquí hablando sin parar hacen que mi garganta quede
destrozada” dice con voz ronca y sale del C20. Entonces la espera para la clase
de Publicidad Comercial de mi quinto semestre ha iniciado.
Me siento cansada, con hambre,
sueño y frustrada así que me siento en el tercer banco de la cuarta fila de
izquierda a derecha. El salón aún está vacío, a pesar que ya son las cuatro de
la tarde, el maestro y el resto de lo alumnos no ha llegado. Aprovecho el momento
para terminar mi ensalada por demás paseada y asoleada. Al poco tiempo dos
alumnos y una alumna ingresan al C20 se sientan formando un triángulo y de
pronto la voz dulce y suave de la chica penetra las paredes del aula “¿Supieron
lo que dijo hoy el profe? ¡En mi grupo nadie será de la FEFA!”. Curiosa, doy
media vuelta y pregunta ¿La qué? “La FEFA, la Federación de Estudiantes de la
Fila de Atrás”, replica la chica de la voz suave.
¿Qué se sentirá ser de la FEFA? Estar
escondido entre la multitud, ¿cómo será la visión desde la zona de atrás? ¿el
sueño terminara por rendirme en aquella área? ¿la mente se volverá más dispersa
en la fila de atrás? Estoy dispuesta a descubrirlo cuando de repente uno de mis
compañeros llega y se sienta a lado mío (ese momento en que no quieres hacer sentir
mal a las personas con una actitud descortés y te quedas).
En mi mente sigue la idea de
estar, aunque sea esta clase en la FEFA, pero llega otra compañera y me tengo que quedar en el mismo asiento. Después llega el profesor y empieza la clase,sin embargo, quiero estar en la fila de atrás. Me imagino ver todas las espaldas de mis compañeros y
escuchar sus opiniones sin ver su rostro, pero también pienso que en esa zona
las cosas pueden ser contraproducentes, el bajo volumen de mi voz puede ocasionar
que el profesor no escuche mi presente, estar entre la penumbra pueda hacer que
caiga en un sueño profundo o que pierda el interés por la clase, aunque todo lo
anterior deja de tener importancia cuando se hace lo que uno quiere y no le
importa violar las reglas básicas de educación, lo cual es más importante que un
punto en la lista de asistencia o saber que campañas publicitarias son exitosas.

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