Lady Blue

 
 
Las gotas de la regadera caen y se estrellan contra el cuerpo desnudo de Lady Blue que como de
costumbre talla fuertemente en brazos y piernas para asegurarse que el olor a tabaco y vodka
desaparezcan, mientras lo hace le es inevitable pensar en las manos arrugadas de aquel hombre
que la toco por espacio de una hora, sin embargo se siente afortunada, es quincena.
 
Justo cuando el agua empieza a relajarla se da cuenta que se le hace tarde. Enfundada en una
gruesa toalla blanca sale del cuarto de baño en dirección a su habitación, una vez ahí abre las
puertas del closet y comienza el mismo dilema de todos los días: buscar la ropa perfecta para la
ocasión.

Inicia un desfile de modas frente al espejo primero el diminuto traje color rosa seguido del entallado conjunto en color azul ninguno la convence. De inmediato recuerda que en esas situaciones la única que la puede salvar es esa hermosa falda negra que a los costados tiene estoperoles y cuya miniatura deja ver sus bien torneadas piernas y algo más.

Con sumo cuidado Lady Blue introduce su vestuario y maquillaje en una Chenson roja el último regalo que le diera su padre antes de morir. Seca su pelo, lo ata, blusa, jeans, tenis, toma su mochila y
está lista. Al salir de su casa Lady Blue escucha una voz ronca producto de más de diez años de
alcoholismo es la de don Ricardo que como todos los días esperaba a Rita para regalarle el
periódico.

— Buenos días, chula. ¿Ya vas al jale?, dice don Ricardo.
— Si ya sábanas, mi Richard. Además no son días, ya casi anochece dice Lady Blue mostrando su reloj de pulsera.
— Mejor deme el periódico para entretenerme en el metro.
— Si ya sábanas.
— Pus paquetes de hule, replica Lady y sin más se encamina rumbo a la estación del metro.

Son las ocho en punto de la noche aborda el metro, toma asiento y abre el periódico,
mientras lee, recuerda que le hubiese gustado ser periodista siempre pensó que era buena
recabando información y redactando, sin embargo su destino estaba escrito en el Gran Casa Rosa Lady donde es la sensación, sus provocativos movimientos logran despertar la
virilidad de quienes pasan los 60 años. Esta noche es doblemente especial la palabra quincena
adorna los labios de las bailarinas y una “junta de negocios” en la mesa seis se ha encargado de
reunir a los más pudientes empresarios de Monterrey.

Las luces se apagan, de repente la silueta de una mujer aparece, se mueve con la misma
delicadeza de las hojas al caer, sigue moviéndose cada vez más rápido sin dejar de seguir el ritmo
de tambores africanos, la música se detiene, de pronto un reflector la ilumina dejando ver que
sorprendentemente ha crecido quince centímetros, los chiflidos no se hacen esperar y se
incrementan cuando los neones iluminan la pista y la música se vuelve cada vez más electrónica y
ella cada vez más mujer.

Sube, baja, se sostiene en la barra de acero que desde hace diez años  es su mejor amiga, entre
ellas hay una complicidad la cual es detectada por un hombre de la mesa seis que sin pensarlo
deja su silla a un lado y se acerca a la tarima para atestiguar el acto a menor distancia. A pesar de
que la mujer está concentrada en su baile se da cuenta de esos ojos que no han dejado de mirarla,
esos ojos enmarcados por arrugas que poca significancia tienen ante el traje Gucci que porta y que
de inmediato lo califica como C.P., es decir, Cliente Potencial.

La presentación continua, dos prendas caen al suelo,  primero la blusa después la falda y los
hombres se enardecen, en pleno éxtasis las luces se apagan la oscuridad es acompañada por
ensordecedores aplausos, el escenario vuelve a iluminarse, pero ahora está vacío entonces se
escucha ¡Lady!, ¡Lady!, ¡Lady!, ¡Lady! El hombre de ojos arrugados se acerca al gerente y con voz
firme le dice — La quiero conocer.

Pasan menos de quince minutos cuando unos golpes a la puerta del camerino de Lady Blue la alarman y hace que se vista lo más pronto posible, habré la puerta y ahí está  ese mismo hombre que poco le importó dejar a sus amigos para observarla más minuciosamente.
 
Para Lady Blue la ecuación es fácil cliente potencial igual a mayores ingresos aunque hubiese preferido que éste fuera más joven y atractivo. Puesto en su papel de cliente y ciudadano poderoso el
hombre la pone a su disposición. Tratando de ocultar el asco que le produce tal situación Lady
esboza una leve sonrisa en su rostro y trata de pensar  que con el dinero que gane podrá
comprarse una televisión, hacer la despensa y quizá hasta le alcance para cubrir los próximos seis
meses de renta.

Justo en el momento en que no se sabe dónde comienza uno y donde termina el otro, Lady abre
sus ojos entonces observa como el rostro de aquel empresario pasa del amarillo al blanco,
asimismo siente como el cuerpo de su cliente se vuelve cada vez más ligero hasta caer por el
borde de la cama.  Asustada, Lady envuelta en una sabana decide salir de su camerino en busca del
gerente, una vez que lo encontró regresan juntos a la habitación y confirman sus sospechas el
Cliente Potencial había muerto.

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