¿Puede la más grande
de las pasiones hacerte tocar el cielo y el infierno al mismo tiempo? Muy pocos
salen de esta batalla victoriosos, Karla la guerrera de esta historia nos
demuestra porque el periodismo es su mayor pasión.
Por: Ada Vanessa Rodríguez
El timbre del teléfono interrumpe
el silencio de una tarde en la redacción del diario La Opinión Milenio en Durango, el personal de la oficina toma la
llamada del otro lado de la línea una voz masculina pide hablar con Karla Tinoco
cuando ella contesta inmediatamente le cuelgan. A los pocos segundos vuelve
entrar otra llamada esta vez Karla
contesta, pero es en vano pues la llamada vuelve a ser cortada. Una tercera vez
el sonido del teléfono vuelve a llenar el silencio de la redacción. Una de las
compañeras de Karla contesta, la voz masculina vuelve a ser su aparición, pero
esta vez es firme cuando dice “dile a Karla que le baje porque sino la va a
cargar la chingada”.
Desde niña Karla Tinoco siempre
supo que quería ser periodista, recuerda sus juegos en los que tenía sus
propios programas de noticias y que poco a poco se convirtieron en una realidad
que se vivía en las salas de redacción. A sus 22 años Karla comenzó su carrera
periodística en un medio local llamado Órale
que chiquito en Durango, su ciudad natal. Su función en este periódico era
cubrir la sección policiaca. Era 2009, el tercer año del sexenio de Felipe
Calderón uno de los más violentos en la historia de México el cual cobró su
cuota en cada Estado de la república y Durango no era la excepción. Karla
recuerda que recibía alrededor de doce reportes diarios sobre ejecuciones
y balaceras y que parte de su labor
periodística eran las constantes visitas a las instalaciones de la policía y
entrevistar a los implicados de un crimen.
Una de las experiencias que más
la marco fue cuando entrevistó a una mujer que exigía el traslado de su cuñado
a una prisión de máxima seguridad. El hombre quien había matado a su esposa a
puñaladas (19 en total) se encontraba preso en una cárcel municipal, las
advertencias de la peligrosidad de este sujeto no hicieron ruido entre la
policía de Durango y en tres meses el hombre logró burlar la “seguridad” del
lugar y se dio a la fuga, sin embargo la libertad le duro poco, cuando lo
atraparon fue trasladado a una prisión de máxima seguridad. Con esto Karla
conoció el periodismo de denuncia, poco a poco ejercer el periodismo iba
dejando de ser su profesión y se iba convirtiendo en una de sus más grandes
pasiones.
Karla es de las periodistas que
siente cada historia que llega a su mesa de trabajo busca toda la información
que puede y si su fuente le dice que no ella pelea hasta obtener un si. Vive
cada historia como si fuera la propia y aunque la mayoría son tristes siempre
hay una que regresa la esperanza y le recuerda que el periodismo paga con
satisfacción. Un día mientras trabajaba en el periódico La Voz en Durango Karla conoció a un señor proveniente de Ciudad
Juárez que buscaba a su esposa a quien se le había visto por última vez en el
municipio de Cuencamé, cerca de la Comarca Lagunera. Tras meses de desaparición
y las denuncias hechas en Durango, Veracruz y Coahuila nunca la esperanza del
hombre declino. La historia llegó a manos de Karla y ella lo entrevisto al
término de la plática él le dijo “Yo lo único que le puedo decir es que la voy
a encontrar antes de que sea navidad”.
De regreso a la redacción Karla redactó
su nota, pero ella sabía que esto no era suficiente, durante esa época también
se desempeñaba como corresponsal del noticiero radiofónico Enfoque Noticias el cual se transmitía en México y pensó en que la
nota también tenía que salir en ese medio, sin embargo cuando se lo propuso a
su jefe de noticias éste le dijo que no pues no era una nota importante.
Eran los primeros días de enero y Karla recibió una llamada.
“Oiga señorita Karla, nadamás quiero
agradecerle porque que cree, fíjese que
ya encontré a mi esposa”. El hombre cumplió su palabra trajo de regreso
a casa a su esposa, aunque su encuentro se retrasó unos días esto no impidió
que la esperanza desfalleciera.
Esta vez otra llamada volvía a
hacer que el corazón de Karla latiera
estrepitosamente. Era otra redacción, otros compañeros, otra historia la del
municipio Vicente Guerreo en Durango el cual estaba siendo azotado por la
violencia. La muertes y los secuestros eran al por mayor. En las calles era
común encontrarse con personas recolectando dinero para pagar el rescate de sus
familiares mientras que el municipio carecía de armamento para defenderse del
arribo de los zetas que comenzaban a imperar en ese municipio.
Karla había pasado un día en
Vicente Guerrero, grabó testimonios de los habitantes del pueblo y debido a que
eran tiempos electorales entrevisto a candidatos, recuerda que uno de ellos le
dijo sin tapujos “Aquí estamos así porque los zetas nos están invadiendo”.
De regreso a Durango lo que en un
principio pintaba para ser una notica de pocos caracteres se convirtió en un
reportaje de profundidad “Vicente Guerrero en declive por el narco” fue portada
en el diario La Opinión Milenio. Karla de entonces 24 años estaba feliz, en
poco tiempo de trabajar en ese periódico le había ganado la primera plana a los
compañeros que llevaban años como reporteros. Sus jefes estaban contentos por
su rendimiento y le habían pedido un reportaje como este cada semana. Hasta que
un 24 de mayo del 2010 tras investigar un homicidio en el municipio de Santiago
de Papasquiaro recibió esa llamada, la amenaza estaba hecha. Tras unos días de
refugio en Torreón Coahuila y regresar a las instalaciones de La Opinión
Milenio sus compañeros ya habían dado un ultimátum al editor del periódico “Es
ella o nosotros” y para evitar tener problemas con los dueños de la empresa el
editor decidió despedir a Karla.
Tras meses de buscar empleo y no obtener ninguna
oportunidad, pensó en regresar a su antiguo trabajo en el periódico Órale que chiquito, sin embargo el
editor de ese periódico le dijo
“Mire Karla evidentemente si usted no estuviera en la
situación en la que está yo no dudaría en regresarle el trabajo, pero Karla compréndame
no es fácil, que tal si también vienen y nos embargan a nosotros”. El
periodismo, su pasión le estaba dando la espalda.
Tras una fuerte crisis emocional
vinieron nuevas oportunidades de empleo, sin embargo estas eran temporales. Una
beca en la IBERO en la ciudad de México la hizo profesionalizarse aún más sin
embargo, seguía sin ejercer el periodismo. A su regreso a Durango recibió una
llamada esta vez el destino la invitaba a formar parte de
un nuevo proyecto en Monterrey, la revista Sexenio Nuevo León.
Karla acepto y
desde hace más de un año radica en Monterrey donde ha vuelto a ejercer el
periodismo. Sigue siendo la misma periodista apasionada con sus historias. Una
de las que más la ha marcado es la de un grupo de madres que buscan a sus hijos
desaparecidos. Pese al dolor estas
mujeres no se rinden pelean en contra de la deficiencia del gobierno para
encontrar a sus hijos, pelean para que la esperanza no las abandone. Karla sigue
motivada por ese periodismo de denuncia, más humano con el que se puede hacer
un mundo mejor. Ella es firme cuando dice que no se arrepiente de haber
estudiado periodismo y que de lo
que más se arrepiente es de haber
conocido a personas que comercializan con él, pero también es consiente que el
medio de información no sobrevive sin publicidad y que todos necesitamos de
todos.
Karla sigue
ejerciendo el periodismo y no pretende parar, su meta es continuar aprendiendo
pues un periodista nunca deja de aprender y de cosechar satisfacciones que en
un futuro lo obligarán a mirar atrás y decir que ejercerlo valió la pena.


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