La ciudad del olvido, una obra no tan alejada de la realidad




Diego Ikal busca venganza. Durante meses le ha seguido la pista a los líderes de Dreamhost, la empresa culpable de la muerte de su esposa María José y la de su hijo nonato José María.

Sabe que los policías mienten; su esposa no se suicidó. Algo la obligó a salir de su casa en una noche lluviosa, caminar hacia el río más próximo y, al llegar ahí, echar a los bolsillos de su saco piedras para después entrar al agua y dejarse llevar por la corriente, hundirse en la profundidad y así morir con su hijo aún en el vientre.

Periodista de profesión, Diego está obsesionado con descubrir la verdad. Para encontrarla está dispuesto a recibir y dar golpes, viajar al otro lado del mundo, matar. En su camino descubrirá que María José y José María no son las únicas víctimas.

Dreamhost ha creado Art Viu, una droga, cuyo efecto secundario es que al momento de inyectarla en el organismo de las personas las lleva a un estado de inconsciencia donde son guiadas al suicidio. Para probar dicha droga Dreamhost reclutó a personas, entre ellas María José quien al probarla firmó su sentencia de muerte y la infelicidad de Diego.

Esta infelicidad sólo puede terminarse cuando finalmente Diego desenrede esta maraña de promesas inventadas para llevar a los consumidores de Art Viu a vivir, a costa de su vida, experiencias sublimes con el único objetivo de enriquecer las cuentas bancarias y el ego de políticos y de los dueños del corporativo Dreamhost.

La realidad y la ciudad del olvido

La ciudad del olvido es una obra que no está tan alejada de la realidad. Vivimos bajo un sistema en el que la justicia no existe.

Las denuncias se archivan y con el paso del tiempo se convierten en casos cerrados que nunca se investigaron y a las autoridades no les quedo de otra más que darles "carpetazo".                    

 Entonces, cuando eso sucede, cuál es el panorama más alentador para los ciudadanos: hacer justicia con su propia mano. Ellos con sus propias herramientas van en busca de la verdad, tal es el caso de las madres y padres de personas desaparecidas, quienes con palas y picos, se adentran en la sierra con la esperanza de encontrar cualquier pista que los lleve a encontrar a sus hijos.

Como Diego Ikal, ellos no se conforman con las respuestas de las autoridades, los mueve la esperanza de hacer justicia a sus hijos, limpiar su nombre. En su camino también encuentran en otras víctimas la energía necesaria para encontrar a sus seres queridos y llevarlos de vuelta a casa.

La ciudad del olvido nos muestra realidades que nos topamos a diario en  los periódicos y en la televisión: desapariciones forzadas, asesinatos, violaciones, secuestros, corrupción, impunidad. Nos recuerda nuestra naturaleza: ningún ser humano es una isla. Estamos y somos parte de un todo que se activa al momento en que algo o alguien lastima a los nuestros, a los que más amamos y entonces buscamos una sola cosa: justicia, aunque sea por nuestra propia mano.








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