Ese día, como el resto de los que viví en Japón, hacía un calor inmenso, pero quedarse en el hotel no era opción. Llegue a la estación Kamata y durante 30 minutos, aproximadamente, viajé por la línea Yamanote, hasta llegar al distrito de Shibuya.
Este distrito es ampliamente visitado por los jóvenes de Tokio, ya que en él hay una gran cantidad de centros comerciales, bares, restaurantes, cafe libros, karaokes y cientos de lugares más, sin dejar de lado el cruce de Shibuya, uno de los pasos de cebra más populares del mundo.
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| Cruce de Shibuya |
Al filo del medio día, en la estación, había una gran cantidad de personas que era fácil escabullirse y no estar solo, pero no acompañado (hasta ese momento). El sol caía a plomo y también había un ligero aire ideal para refrescarse.
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Estación de Shibuya
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Con el aire y el sol de testigos, afuera de la estación, se encuentra la explanada que le rinde homenaje a Hachiko, el perro de la raza akita que cada tarde, en este mismo lugar, esperaba la llegada de su dueño, haciéndo de esta actividad una costumbre que jamás perdería, incluso, cuando su amo falleció y Hachi seguía yendo a esperarlo. Hoy, este monumento es el punto de encuentro de cientos de japonesés y una parada obligada para los turistas.
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Estatua de Hachi en la estación de Shibuya.
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En la explanada donde se encuentra la estatua de Hachiko, un hombre de playera azul y con un letrero en su espalda escrito en inglés, japonés y, lo que parecía ser coreano, se ofrecía a tomar fotos a las personas ansiosas por retratarse al lado de Hachi. Una vez más Japón me mostraba su
omotenashi (
おもてなし) en su máximo esplendor, esa hospitaliad y esa manera de hacerte sentir como en casa, como en tu propio país, con el objetivo de siempre conservar el orden y la armonía entre quienes se encuentran en un mismo espacio.
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Listo para tomar fotos.... ¡ichi, ni, san!
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El hombre estaba acompañado por una mujer y un adolescente de apróximadamente 12 años, su familia, me acerqué a ellos y charlamos un poco, después su
omotenashi llevó a esa mujer a tomarme una foto, así, aunque estaba sola, extrañamente me sentía acompañada y protegida.
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