Por: Ada Vanessa Rodríguez Herrera. | @vanessardzh
Vienen con la frente en alto, algunas llegan riendo y otras están un poco
más serias. Orgullosas, portan en su cuello un pañuelo verde y sostienen entre
sus manos una iniciativa de ley para legalizar y despenalizar el aborto en
Nuevo León, México.
Es 28 de septiembre, Día de Acción Global por un Aborto Legal y Seguro, una
fecha en la que mujeres integrantes de colectivas feministas de Nuevo León han
decidido, una vez más, alzar la voz para leer fuerte y claro ante la Oficialía
de Partes del Congreso del Estado de Nuevo León un pronunciamiento en el cual
se exige al gobierno respetar y proteger el derecho a la interrupción legal del
embarazo de todas las mujeres y personas gestantes.
“Con esta iniciativa pretendemos impulsar la homologación de leyes conforme
a los más altos estándares en materia de derechos humanos, por lo que las
reformas que proponemos al Código Penal, a la Ley Estatal de Salud y a la Ley
de Protección al Parto Humanizado y a la Maternidad Digna, las tres del Estado
de Nuevo León, garantizan que las mujeres y personas con capacidad de gestar
cuenten con la posibilidad de acceder voluntariamente a servicios de abortos
seguros, sin criminalización.”, lee una de las mujeres frente a las cámaras de
los medios de comunicación.
Juntas, entregan la iniciativa al Congreso del Estado. Se miran unas a
otras y sonríen, es como si de pronto volvieran a ser niñas que juegan a
sentirse invencibles, heroínas que todo lo pueden. La jornada apenas comienza,
pues el segundo objetivo del día es recolectar las firmas de más mujeres para
que, de esta manera, los 42 diputados y diputadas se den cuenta que el derecho
por un aborto legal, seguro y gratuito es una exigencia real y no una moda,
como algunos de ellos se han empeñado en calificar.
Las mujeres empiezan a llegar y escriben su nombre completo en las hojas que, poco a poco, comienzan a llenarse. A través de Facebook, también se invita a registrarse de forma digital y rápido se contabilizan más de 400 firmas.
El día avanza y la sesión en el Congreso del Estado inicia. Integrantes de las colectivas se mantienen pendientes para asegurarse que su iniciativa sea presentada ante el pleno del Congreso. Mantienen la mirada fija en la televisión donde se transmite la sesión y la alegría las aborda cuando el presidente del Congreso lee la petición y pide que sea llevada a las Comisiones Unidas de Justicia y Seguridad Pública y a la de Salud y Atención a Grupos Vulnerables. “¡Yeah!”, una de ellas dice en señal de victoria, porque junto a sus compañeras ha logrado poner el tema sobre la mesa de los diputados y visibilizar que las mujeres en Nuevo León también abortan y que es necesario que estos procedimientos se realicen de forma segura y sin criminalizar a quienes deciden hacerlo.
A pasos rápidos llega Nelly al Congreso del Estado. Este 28 de septiembre ha decidido faltar a su servicio social en un asilo de ancianos para pelear por el derecho a decidir. Es muy delgada, pero los suficientemente resistente para cargar su mochila llena de libros y la bolsa en donde guarda su uniforme de enfermera. Deja todas sus cosas en el piso y se prepara para escribir su nombre completo en apoyo a la iniciativa de ley. Entra a la sala donde es transmitida la sesión del Congreso y se sienta en uno de los sillones. Tras un pequeño suspiro, pregunta “¿Qué dijeron?”, otra de las mujeres que ve la sesión le contesta que la iniciativa ha sido presentada ante el pleno y que fue turnada a las comisiones correspondientes. Exhala y dice “Era lo que quería ver”. La sesión termina y la pantalla se pone en negro.
Por momentos, la mirada de Nelly se pierde entre los muros de esa pequeña
sala, pero su atención regresa cuando escucha a una de las mujeres decir que el
aborto es una realidad en Nuevo León. Acomoda el pañuelo verde en su cuello y
aprieta su chongo atado con un pañuelo del mismo color, entonces comienza a contar
su historia.
Tiene 24 años y está por terminar la Licenciatura en Enfermería. En junio
de 2021 se enteró que estaba embarazada, pero tener un hijo no estaba en sus
planes. Platicó con su esposo, él le dijo que respetaría cualquier decisión que
ella tomara y, entre los dos concluyeron que lo mejor era no tenerlo, pues tienen
un hijo con probable autismo que demanda su total atención, además de que ella estaba
por cursar el último año de su carrera.
En ese momento, Nelly y su esposo comenzaron a buscar opciones para tener
un aborto seguro. Solicitaron información a la colectiva de Guanajuato “Las Libres”,
quienes los canalizaron a la red de apoyo “Necesito Abortar”, la cual tiene su
sede en Nuevo León y se compone por 20 mujeres dispuestas a brindar un
acompañamiento seguro, empático y libre de estigmas a las mujeres que han
decidido abortar.
Luego de ponerse en contacto con esta red de apoyo, el esposo de Nelly
llegó a “La Abortería”, espacio en donde la red de apoyo “Necesito Abortar” brinda
el servicio a todas las mujeres que han decidido sobre su cuerpo. Ese día, el
esposo de Nelly recibió una caja con Misoprostol e instrucciones que especificaban
lo que Nelly debía hacer para tener un aborto seguro en casa.
“A mí me fue mal, me sentía bien mal, me vomité, me hice del baño, hasta
que ya no aguanté y me fui al hospital”, cuenta Nelly. El sangrado en Nelly fue
abundante y los síntomas más fuertes de lo normal, por ello decidió acudir a un
hospital. En ese momento ella contaba con un Seguro de Gastos Médicos Mayores,
por lo que llegó a un hospital privado, en Monterrey. El médico le preguntó si
estaba embarazada, pero ella guardó silencio. Tras examinarla, el médico dio la
orden de practicar un aborto por el método AMEU, descartando el legrado por ser
un procedimiento altamente invasivo y doloroso. El procedimiento AMEU ayudaría
a limpiar por completo el útero de Nelly gracias a la evacuación por vacío
realizada con una aspiración suave.
“Fue bien rápido, en media hora ya habían terminado”, dice Nelly. Los días
pasaron y Nelly fue sintiéndose mejor. Su esposo estuvo con ella en todo momento
y la red de apoyo “Necesito abortar” siguió acompañándola después del
procedimiento.
“Mi mamá se imagina que lo hice (abortar), pero no le quise decir nada”,
dice Nelly, quien vuelve a acomodarse su pañuelo verde en el cuello. Para Nelly,
abortar es una decisión personal y quienes rodean a la mujer deben respetar su
decisión y el gobierno no debe criminalizar a quien decide hacerlo.
“Tengo una amiga que también quería hacerlo (abortar), yo la apoyé, pero
luego se enteró que eran dos y no pudo hacerlo y también la apoyé, ¡Hagamos Baby
Shower!”, recuerda Nelly profundamente convencida que eso es lo que hay que
hacer: apoyar si se quiere abortar y apoyar si se quiere tener un hijo.
La jornada avanza y, en punto de las 6:00 pm la colecta de firmas finaliza
y parte de las integrantes de colectivas feministas acuden a la Macroplaza y
frente a Palacio de Gobierno realizan un performance, en el cual más
de 60 mujeres utilizan sus cuerpos para formar la frase “Será Ley” en el suelo
de la gran plaza, misma que en otras ocasiones, ha sido testigo de esta
exigencia, así como de la lucha por erradicar la violencia de género y el alto
a feminicidios en Nuevo León.
Afuera del Congreso del Estado, cerca de 50 mujeres integrantes de otras
colectivas se preparan para marchar por las avenidas del centro de Monterrey. Dan
las últimas pinceladas a sus carteles y extienden una larga bandera de color
verde y morado y la marcha inicia.
Nelly sostiene con orgullo uno de los extremos de la bandera, lleva medio
rostro tapado con su pañuelo y grita fuertemente cada consigna. Piensa que al
ser estudiante del área de la salud debe velar por este tema, pero haberlo
vivido le da la empatía necesaria para entender a quien busca tener acceso a un
aborto seguro y la convierte en un gran ejemplo de resistencia y valentía. Sigue
caminando, su pequeño cuerpo se pierde entre la puesta del sol y entre las
demás mujeres que luchan.


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